Imagen: ©Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible Río+20.
Por Paula Alvarado.
Luego de los escasos avances que se registraron en las cumbres climáticas de Copenhague, Cancún y Durban, pareciera que poco podría esperarse de la próxima Cumbre de la tierra Río+20, a realizarse del 20 al 22 de junio en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil.
Sin embargo, el que la conferencia esté enfocada no en las negociaciones para la reducción de gases de efecto invernadero sino en el desarrollo sostenible, podría cambiar el tono de los intercambios y promover avances alternativos.
Esta semana se filtró a la prensa un documento que adelanta algunos detalles de los temas y objetivos que se tratarán en Río+20.
Lo más significativo: se pedirá a los países participantes que firmen un documento con diez metas de desarrollo sostenible y que se comprometan a construir economías verdes, dejando la reducción de emisiones de carbono a criterio voluntario de cada país.
Este enfoque es criticado por algunas voces, que aseguran que cuando no hay metas claras y obligatorias de reducción de emisiones, los países no actúan. Sin embargo, dejar de hablar de restricción y pasar a hablar de desarrollo sostenible cambia el tono de las negociaciones. Como ya se ha mencionado previamente, uno de los problemas troncales de las conversaciones es que los países en vías de desarrollo necesitan seguir creciendo para mejorar la calidad de vida de sus habitantes, y, por lo tanto, no quieren restricciones. Si en lugar de hablar de cortes de emisiones se habla de crecimiento y desarrollo limpio, la resistencia a avanzar podría ser menor.
Durante la conferencia también se contemplará un nuevo acuerdo para proteger a los océanos, se aprobará un reporte sobre el estado del planeta, se pondrá en marcha una agencia mundial para el ambiente y se apuntará a un defensor del pueblo para velar por el estado del planeta que quedará a generaciones futuras.
Es probable, también, que se eleve la importancia del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) al mismo nivel que la Organización Mundial para la Salud y la Organización de Alimentos y Agricultura (WHO y FAO, respectivamente, por sus siglas en inglés). Todo esto, según la agenda preliminar publicada en el sitio del evento, que puede cambiar.
Si bien está poco claro qué jefes de Estado participarán de la Cumbre, el país organizador del evento, Brasil, está convocando a una reunión paralela con la participación masiva de ONGs e individuos para presionar a los gobiernos a actuar.
Las reacciones a esta propuesta de Río+20, por supuesto, fueron variadas. Mientras por un lado hay oportunidad de avanzar en temas como agricultura sostenible, seguridad alimenticia o sobre la salud de los océanos, por otro los avances reales logrados en torno a estos temas estarán marcados por la ambición de cada país. Como mínimo, temas específicos de desarrollo limpio tendrán una merecida atención mediática.
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