Por Kimberley Mok.
No estamos seguros de si se trata de una loca o brillante idea pero una firma francesa está proponiendo transformar la Torre de Eiffel de París en el “árbol” más grande del mundo, cubriéndola con cientos de miles de plantas.
Recientemente, el periódico francés Le Figaro filtró detalles de la propuesta realizada por el Grupo Ginger, una empresa de consultoría de ingeniería y diseño urbano que pretende transformar la torre en el símbolo francés del pensamiento sostenible y el ecoturismo de clase mundial.
Diseñada por Gustavo Eiffel en 1889, la Torre de Eiffel es una de las mayores atracciones turísticas del mundo, con más de siete millones de visitantes al año. Según Reuters e Inhabitat, el plan del Grupo Ginger transformaría la torre de acero de 324 metros (1063 pies) en el “pulmón verde” de París mediante la incorporación de 12 toneladas de tuberías de riego y más de 600.000 plantas en bolsas de cáñamo, con un peso estimado total de 378 toneladas; y que serían estratégicamente colocadas para no obstruir la vista de los visitantes que suben a la torre. En su totalidad, el proyecto costaría aproximadamente 72 millones de euros (o 97 millones de dólares) y absorbería 87.8 toneladas de CO2.Hasta la fecha, los responsables de la ciudad de París todavía no han aprobado el proyecto, aunque Ginger ha continuado adelante construyendo un modelo a pequeña escala de éste a las afueras de la ciudad; y de darse el visto bueno, la firma podría comenzar la plantación real en el verano de 2013.
Sin embargo, la propuesta no está exenta de detractores. Nabila Ramdani de The Guardian considera el proyecto "equivocado”, diciendo:
Colocar 600.000 plantas colgantes alrededor de la famosa estructura a un costo de [72 millones de euros] sería irresponsable incluso en tiempos de bonanza; y con Francia enfrentándose al colapso económico debido a la crisis de la eurozona incluso suena delictivo.
Dicho todo esto, no parece una mala idea imaginar tal icono moderno como un gigantesco árbol verde de succión de carbono. Después de todo, no cabe duda de que el secuestro de carbono desde una torre de Eiffel “verde” daría un impulso enorme al reciente y extenso programa de techos-verdes de la ciudad. Pero si esto justifica su astronómico costo en tiempos de dificultades económicas o si ganará adeptos entre la imaginación popular, todavía está por verse.
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