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Más efectos negativos del tráfico: Científicos aseguran que el tubo de escape causa daños cerebrales

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Tubo-de-escape
eutrophication&hypoxia/Creative Commons.

Por Brian Merchant.

Los científicos están descubriendo que la polución proveniente del tubo de escape de los automóviles podría ir directamente a nuestra cabeza. A la particular polución que emiten los vehículos se le ha achacado ser la causante de una gran cantidad de problemas respiratorios, tales como el asma y las enfermedades pulmonares, especialmente en zonas muy congestionadas. Ahora, tal y como detalla un preocupante informe del Wall Street Journal, los investigadores están descubriendo un creciente cuerpo de evidencias que sugieren que el tubo de escape de los automóviles causa nada más y nada menos que daños en el cerebro.

El informe del Wall Street Journal es preocupante, aún cuando sus creadores mencionan que la información en un montón de estos estudios es todavía nueva. Después de todo, las consecuencias de noticias del tipo: “Nuevos estudios de salud pública y experimentos de laboratorio indican que en cada etapa de la vida, los humos procedentes del tráfico cobran un peaje significativo en la capacidad mental, inteligencia y estabilidad emocional”, son realmente graves.

Resumiendo (lee la historia completa con todos los “sangrientos” detalles), los científicos están descubriendo que la exposición a los tubos de escape de los vehículos puede dañar las células cerebrales y perjudicar la capacidad de aprendizaje en las personas de todas las edades, formas y tamaños.

Los investigadores descubrieron que los bebés cuyas madres habían estado expuestas a niveles altos de humos procedentes de los tubos de escape habitualmente presentaban coeficientes de inteligencia más bajos que los de sus compañeros y eran más propensos a desarrollar ansiedad, depresión y trastornos del aprendizaje. Algunos expertos relacionan los altos niveles de contaminación en el aire con el autismo, basándose en correlaciones en sus datos.

También se ha encontrado que las personas expuestas a los humos de los tubos de escape durante cortos períodos de tiempo experimentaron cambios de comportamiento de carácter químico (manifestándose habitualmente en mayores niveles de estrés) mientras aquellos expuestos durante largos períodos de tiempo experimentaron pérdida de memoria y deterioro de las capacidades de razonamiento.

Un estudio descubrió que la gente expuesta a largo plazo a “mayores niveles de partículas relacionadas con el tráfico y el ozono presentaban problemas de memoria y razonamiento que efectivamente añadían cinco años a su edad mental”.

Esto es algo bastante horripilante, debemos decir por último. En un gran marco, ayuda a construir un argumento poderoso para buscar políticas encaminadas a reducir la congestión de tráfico, a endurecer las reglamentaciones en materia de contaminación y a replantearse la utilización del automóvil como medio central de transporte.

A nivel local, desalentar el tráfico ya se ha demostrado que tiene un impacto tangible en algunas comunidades: la descongestión de Times Square, por ejemplo, reduce la contaminación del aire de la zona en un 63%. Y ahora esas políticas de reducción del tráfico resultan vitales no sólo para mejorar la habitabilidad de las comunidades, sino también para proteger tanto los pulmones como la salud mental de todos aquellos que viven en ellas.

El planteamiento para más y mejor transporte público, más planes de congestión agresivos y sí, mejoras en las facilidades para practicar ciclismo y en los entornos peatonales, nunca ha sido más fuerte.

Artículo original.

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