Desarrollo responsable Vs. desarrollo sin límites y deforestación, la puja en el Amazonas. Foto: Neil Palmer (CIAT)/Creative Commons.
Por Paula Alvarado, Buenos Aires.
Obede Loyla Souza, un campesino involucrado en esfuerzos anti-deforestación en la región de Pará, dentro del Amazonas brasileño, fue asesinado de un tiro en la cabeza algunos días atrás cerca de su casa.
Es el quinto activista ejecutado en un mes en la zona, que se encuentra en conflicto por enfrentamientos entre leñadores, estancieros y agricultores, y campesinos sin tierras.
De acuerdo a cifras de la organización Comisión Pastoral por la Tierra citadas por The Guardian, más de 1150 activistas rurales fueron asesinados en conflictos por posesión de tierras y deforestación en las últimas dos décadas, y otras 125 personas están amenazadas actualmente.Souza era parte de un asentamiento llamado Esperança, que habitaba un conjunto de tierras inutilizadas, y había tenido enfrentamientos con leñadores ilegales que estaban cortando árboles de nuez amazónica (protegidos por ley) en la zona.
Los asesinatos de Souza, los demás activistas y un testigo de una de las ejecuciones, generaron respuesta del gobierno, que creó un grupo de monitoreo en la región. Pero los enfrentamientos esconden cuestiones más profundas de fondo.
El columnista inglés Damian Carrington publicó un interesante comentario sobre las muertes y sobre el conflicto. Para el mismo, "esta guerra no es sólo entre activistas heroicos, muchas veces sin tierras y pobres, y leñadores asesinos y rapaces. Lo es, sí, pero también es una guerra de ideas".
Carrington se refiere a lo que hay detrás de estos enfrentamientos: dos posiciones en puja en lo que refiere a la explotación del Amazonas. De un lado, los pequeños productores y grupos ambientalistas que buscan un desarrollo sustentable de la mayor selva del mundo; del otro, los pobres que respaldan cualquier proyecto de desarrollo sin importar lo verde que sea y los políticos que se aprovechan de esa desesperación.
El gobierno brasileño se encuentra en el medio, asegura el columnista, tratando de realizar lo jamás logrado por ninguna nación occidental: erradicar la pobreza sin destruir la prosperidad de generaciones futuras. Y activistas como Souza son una raza extraordinaria: hacen malabares para dar de comer a su familia, pero también están dispuestos a morir por el ideal de salvar la selva.
¿Logrará Brasil llegar a un punto medio entre las dos posiciones?
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