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Por Sheila Eldred
¿Planeas pedir la mano de tu novia el Día de San Valentín? Un estudio publicado en la edición de mayo del Journal of Marriage and Family puede hacerte reconsiderar la idea.
Aunque los casados disfrutan de algunas ventajas relacionadas con la salud (probablemente por compartir el mismo seguro médico), el estudio concluyó que las parejas que no están casadas acostumbran a ser más felices y a tener más autoestima.
En un principio, los autores se quedaron perplejos por la existencia de tantas semejanzas entre el matrimonio y el concubinato: ambas situaciones mejoran el bienestar psicológico pero reducen el contacto con los familiares y amigos.
“Descubrimos que las diferencias entre casarse y vivir en pareja sin haberlo hecho tienden a disminuir y a desaparecer después de la luna de miel”, afirma el coautor del estudio, Kelly Musick, profesor asociado de la Facultad de Ecología Humana de la Universidad de Cornell. "Para algunas personas vivir en pareja sin casarse implica menos obligaciones indeseables y permite más flexibilidad, autonomía y crecimiento personal”.
Los investigadores analizaron datos de 2.737 hombres y mujeres solteros, de los cuales 896 se casaron o vivieron con su pareja a lo largo de seis años, enfocándose en la felicidad, nivel de depresión y lazos sociales. Se cree que este es el primer estudio que compara tanto a parejas casadas como a parejas que apenas vivieron juntas y cuyas diferencias persisten después de la unión.
“En las últimas décadas, las sociedades occidentales presentaron índices mayores de concubinato, antes o en lugar del matrimonio, así como un aumento de niños nacidos fuera de éste”, afirma Musick. “Estos cambios nublaron los límites del matrimonio, lo que nos hace preguntarnos por qué éste es diferente de otras alternativas. Nuestra investigación demuestra que el matrimonio no es el único que facilita bienestar y que otras formas de relaciones románticas pueden ofrecer muchos de los beneficios de éste”.
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