Esta semana los científicos han realizado algo que no se había conseguido hasta el momento. Lograron coincidir un meteorito que cayó a la Tierra con uno que monitorearon desde el espacio.
Durante el mes de octubre del año pasado, los astrónomos siguieron un asteroide no-amenazante en su trayectoria hacia la Tierra. Una vez que entró en contacto con nuestro planeta, se transformó de un simple asteroide a una estrella fugaz, que se caracteriza por su brillantez y por ser el deleite de los niños y adultos que esperan realizar un deseo.
Los asteroides que entran en contacto con la atmósfera de la Tierra empiezan a romperse inmediatamente, y muchas veces las evidencias de su paso se desvanecen más rápido que los deseos que les pedimos. Por este motivo, no fue una hazaña sencilla que decenas de estudiantes descendieran a través del desierto de Sudán, para buscar entre las piedras ásperas y la arena pedazos de rocas negras irregulares, que indicaran los restos sobrantes del asteroide 2008 TC3.
El hallazgo fue detallado en la revista Nature. Los científicos comentaron que el meteorito estaba lleno de metales como el acero y el níquel y, curiosamente, también de una forma de nano-diamantes, que probablemente se forman por los choques con otros objetos en el espacio, cubriendo las muestras recogidas.
Los científicos esperan que descubrimientos como éste ocurran con más frecuencia y que ayuden a contestar preguntas sobre cómo se formó nuestro Universo y, posiblemente, sobre cómo la vida microbiana pudo viajar las enormes distancias de nuestra galaxia.
Foto: NASA
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