Huevos: protagonistas de un problema de contaminación de alimentos en Alemania. Imagen: Brenda Gottsabend.
Desde la semana pasada, en Europa se vive un clima de tensión alrededor de la comida: a principios de enero se anunció que una partida de huevos de Alemania contenían altos niveles de dioxinas, un potente cancerígeno producto de procesos industriales.
Más tarde se descubrió que el problema se habría originado en marzo de 2010, cuando la empresa Harles und Jentzsch envió -supuestamente por error- aceite destinado a la producción de biocombustibles a 25 productores de alimentos para animales en toda Alemania. Los diferentes alimentos con estos aceites llegaron luego a más de mil granjas de este país, que los utilizaron en sus animales: entre ellos cerdos y gallinas, cuya producción de huevos fue contaminada con las dioxinas (en algunos casos, también se encontró el tóxico en la carne de las mismas).
El embrollo -que nos enseña mucho sobre los problemas de nuestra producción de alimentos- estaba sólo comenzando.
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